Opinión
jueves, 01 de octubre de 2026

Acompañar no es solo cuidar: lo que nos enseñan los perros sobre envejecer

Por María del Carmen Pérsico  -  Presidenta de Fundación CARAL Canoterapia   -

 María del Carmen Pérsico  FOTO : WEB
María del Carmen Pérsico FOTO : WEB

Mi acercamiento a las intervenciones asistidas con perros nació de una vivencia personal. A lo largo de mi vida vi, con mis propios adultos mayores, el vínculo tan especial que se generaba con los perros: cómo esa relación transformaba momentos cotidianos, daba compañía, despertaba emociones y, muchas veces, rompía con la soledad. Esa experiencia fue mi disparador. Me hizo pensar que algo tan significativo dentro de mi familia podía trascender lo personal y compartirse con otras personas. Quise llevar ese vínculo a la sociedad y, con formación, responsabilidad y trabajo interdisciplinario, convertirlo en una herramienta capaz de acompañar y mejorar la calidad de vida de otros adultos mayores. 

Desde Fundación CARAL trabajamos con intervenciones asistidas con perros entendiendo que el perro no reemplaza a ningún profesional ni a una terapia. Es un facilitador, un puente que nos permite llegar a lugares a los que, muchas veces, las palabras no llegan. 

Con las personas mayores esto se vuelve especialmente visible. Muchas atraviesan situaciones de soledad, aislamiento o pérdida de motivación. A veces dejan de participar en actividades, de relacionarse e incluso de encontrar una razón para salir de su habitación. Y entonces aparece un perro. Un perro no pregunta la edad, no juzga las limitaciones ni mira primero lo que una persona ya no puede hacer. Se acerca, busca una mirada, acepta una caricia y propone un vínculo desde otro lugar. Hemos visto a personas que no querían salir de su habitación empezar a hacerlo porque sabían que ese día llegaban los perros. 

Primero aparece la expectativa…después una sonrisa, una caricia, una conversación. En otros casos, esa motivación acompaña el trabajo de psicólogos, kinesiólogos y otros profesionales. Por eso, para nosotros, una intervención no consiste simplemente en llevar un perro a una institución para que sea acariciado: hay un objetivo y un trabajo interdisciplinario, y cada actividad se piensa según las posibilidades y necesidades de quienes participan. 

Pero hay algo igualmente importante: cómo miramos a la persona mayor. Envejecer no debería significar dejar de decidir, aprender, disfrutar, emocionarse ni de tener algo para ofrecer a los demás. Muchas veces, sin darnos cuenta, como sociedad ubicamos a las personas mayores solo en el lugar de quienes necesitan ser cuidadas. Acompañar también significa reconocerlas como personas capaces de vincularse, participar, elegir, enseñar y construir nuevos afectos. Los perros nos ayudan a recuperar esa mirada. No importa si una persona camina rápido, lento, con ayuda o permanece sentada: el perro establece el vínculo desde el presente y desde lo que esa persona sí puede hacer. Una mano que logra acariciar, una palabra, una mirada o unos minutos compartidos pueden convertirse en un momento profundamente significativo. 

Este trabajo implica, además, una enorme responsabilidad hacia nuestros perros. En Fundación CARAL seleccionamos animales con temperamentos estables y adecuados para este tipo de intervenciones. Esa selección comienza en la crianza, incluso en los padres, y  continúa en las primeras etapas de vida, cuando la madre cumple un papel fundamental en la socialización temprana. Después vienen la socialización, la educación, el entrenamiento y las evaluaciones, y, para sostener este trabajo, contamos además con el acompañamiento de expertos de Royal Canin. Durante toda su vida de trabajo respetamos algo fundamental: el bienestar animal. El perro también tiene que disfrutar de la actividad. Debemos aprender a observar sus señales, respetar sus descansos y comprender cuándo quiere participar y cuándo necesita retirarse. No podemos hablar de bienestar humano si para lograrlo comprometemos el del animal. 

Quizás por eso el vínculo entre una persona mayor y un perro puede enseñarnos algo que va más allá de una intervención asistida: todos necesitamos sentirnos mirados, esperados y parte de algo. Si pensamos cómo queremos envejecer como sociedad, yo quisiera que fuera así: conservando nuestros vínculos, nuestra capacidad de elegir, de emocionarnos y de seguir teniendo proyectos. Porque acompañar a una persona mayor no es solamente cuidarla. También es darle oportunidades para seguir viviendo experiencias, construyendo vínculos y sintiendo que todavía tiene mucho para dar.